Calorías diarias que necesitas
Con su margen de error a la vista.
Revisa los datos introducidos.
Margen de error: ±272 kcal. La fórmula acierta con un ±10 % en la mayoría de la gente, y peor en los extremos de peso. Tu gasto total está en algún punto entre 2.448 y 2.992 kcal: la cifra de arriba es el centro de esa horquilla, no una medida.
Un reparto posible: 25 % proteína · 30 % grasa · 45 % hidratos
Sobre las calorías de tu objetivo. No hay un reparto correcto, y este no es más válido que otro: es una convención elegida por caer dentro de los tres rangos aceptados y ser fácil de recordar.
- Proteína (4 kcal/g)170 g
- Grasa (9 kcal/g)91 g
- Hidratos de carbono (4 kcal/g)306 g
Los rangos aceptados para adultos son anchos a propósito: proteína del 10 al 35 %, grasa del 20 al 35 % e hidratos del 45 al 65 % de las calorías. Dentro de ahí caben repartos muy distintos y todos se sostienen. Medida por kilo de peso, la proteína de este reparto te sale a 2,1 g/kg; la horquilla que se maneja en gente activa va de 1,2 a 2,2 g/kg.
100 % privado — los cálculos se hacen en tu dispositivo. Ni tu peso, ni tu altura, ni tu edad se envían a ningún servidor.
Estas cifras son orientativas y no son consejo médico. Salen de una fórmula estadística —Mifflin-St Jeor (1990) para el metabolismo basal, multiplicada por un factor de actividad convencional—, no de una medición de tu cuerpo ni de un profesional que te haya visto. El resultado tiene un margen de alrededor del ±10 %. No es una prescripción ni un objetivo que haya que cumplir: es un punto de partida que se ajusta mirando qué pasa de verdad durante dos o tres semanas. Si tienes o has tenido un trastorno de la conducta alimentaria, esta calculadora no es la herramienta adecuada: contar calorías suele formar parte del problema, y la ayuda que sirve la da un equipo sanitario. Tampoco se aplica en el embarazo y la lactancia, en menores de 18 años ni en enfermedades que afecten al metabolismo, donde la pauta la marca tu médico.
Lo que cambia elegir un nivel de actividad
Los dos casos comprobados de esta página: un hombre de 35 años, 80 kg y 180 cm (TMB 1.755 kcal) y una mujer de 30 años, 65 kg y 165 cm (TMB 1.370 kcal). La fila del nivel que elijas arriba se señala sola.
| Nivel de actividad | Hombre del ejemplo | Mujer del ejemplo |
|---|---|---|
| Sedentario×1,2 · trabajo sentado y nada de ejercicio | 2.106 kcal | 1.644 kcal |
| Ligero×1,375 · ejercicio suave 1-3 días por semana | 2.413 kcal | 1.884 kcal |
| Moderado×1,55 · ejercicio moderado 3-5 días por semana | 2.720 kcal | 2.124 kcal |
| Intenso×1,725 · ejercicio fuerte 6-7 días por semana | 3.027 kcal | 2.364 kcal |
| Muy intenso×1,9 · entrenamiento diario duro o trabajo físico | 3.335 kcal | 2.603 kcal |
Fíjate en la distancia entre dos filas seguidas: 307 kcal en el hombre del ejemplo y 240 en la mujer, y siempre la misma, porque los cinco factores están separados por 0,175 exactos. Elegir «moderado» en lugar de «ligero» sin pensarlo mucho vale más calorías que un desayuno entero. Ante la duda, un escalón por debajo.
Cómo se usa
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1. Los cuatro datos de la fórmula
Sexo, edad, peso y altura: Mifflin-St Jeor no pide nada más. Con los kilos de la báscula y los centímetros redondos basta; afinar decimales no cambia el resultado más de lo que ya lo mueve el margen de error.
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2. El nivel de actividad, sin generosidad
Es el campo que más manda y el más fácil de inflar: cada escalón vale unas 300 kcal. Cuenta el ejercicio de verdad, no las buenas intenciones, y recuerda que un trabajo de oficina con tres entrenos a la semana es «moderado», no «intenso».
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3. El objetivo, y luego la báscula
La cifra que sale es un punto de partida, no una prescripción. Lo que la confirma o la corrige es lo que pase en dos o tres semanas: si el peso no se mueve como dice la previsión, el número que hay que ajustar es este, no tú.
El número que te da cualquier calculadora tiene un ±10 % dentro
Todas las calculadoras de calorías del mundo escupen una cifra redonda y se callan. Esta da la misma cifra que las demás —usa las mismas fórmulas, no hay ninguna otra— y además dice lo que esa cifra no sabe, que resulta ser bastante.
Empecemos por lo más importante. La ecuación de Mifflin-St Jeor, publicada en 1990 y la más recomendada hoy, estima el metabolismo basal con un error de alrededor del ±10 % en la mayoría de la gente, y peor en los extremos de peso. Para el hombre de 35 años, 80 kg y 180 cm del ejemplo, un gasto total de 2.720 kcal significa en la práctica algo entre 2.448 y 2.992 kcal. Son 544 kcal de anchura: casi una comida entera de diferencia entre los dos bordes de la horquilla. Esa banda no es un defecto de esta página, es la precisión real que tiene el método; lo raro es que casi nadie la enseñe.
Dos fórmulas respetables discrepan en 70 kcal
Antes de Mifflin-St Jeor, la referencia era Harris-Benedict, de 1919, revisada en 1984. Las guías dietéticas la desplazaron porque Mifflin-St Jeor acierta más en población actual, pero sigue apareciendo en muchas calculadoras. Sobre los mismos datos:
- Hombre de 35 años, 80 kg y 180 cm: 1.755 kcal según Mifflin-St Jeor, 1.825 según Harris-Benedict revisada. 70 kcal de diferencia.
- Mujer de 30 años, 65 kg y 165 cm: 1.370 kcal frente a 1.430. 60 kcal de diferencia.
Ninguna de las dos está equivocada. Son dos ajustes estadísticos sobre poblaciones distintas, y la distancia entre ellas es la mejor pista de cuánta precisión hay realmente aquí dentro. Cuando una calculadora te da 2.720 kcal, ese último dígito es decorativo.
Los factores de actividad son convención, no medición
La segunda mitad del cálculo es multiplicar el metabolismo basal por un factor: 1,2 si eres sedentario, 1,375 si te mueves poco, 1,55 si te mueves algo, 1,725 si entrenas casi a diario y 1,9 si tu vida es física. Mira esos cinco números con atención: están separados por 0,175 exactos. No salen de haber medido a cinco grupos de personas, salen de repartir un rango en cinco partes iguales. Es una convención útil, pero es una convención.
Y es una convención cara. Cada escalón vale 307 kcal en el hombre del ejemplo y 240 en la mujer. La diferencia entre «ligero» y «moderado» —la frontera donde más gente duda— es toda una merienda al día, y lo único que separa los dos escalones es una frase vaga sobre cuántos días entrenas. Como casi todo el mundo se sobrestima, la regla práctica es sencilla: ante la duda, un escalón por debajo. Si el peso luego no hace lo previsto, ya lo subirás.
La regla de las 7.700 kcal se rompe cuando la estiras
Un kilo de grasa corporal se calcula en unas 7.700 kcal. De ahí sale la aritmética que enseña esta página: un déficit de 500 kcal al día son 3.500 a la semana, es decir 0,45 kg por semana. La cifra viene de un trabajo de Wishnofsky, de 1958, y es una simplificación con dos agujeros conocidos.
El primero es que el cuerpo se adapta: al bajar de peso hay menos masa que mantener y el gasto baja con ella, así que el mismo plato que la primera semana suponía un déficit de 500 kcal, meses después supone bastante menos. El segundo es que no todo lo que se pierde es grasa: parte es agua, glucógeno y masa magra, con contenidos energéticos distintos. El resultado combinado es que la regla sobrestima la pérdida a largo plazo. Perder 10 kg no cuesta 77.000 kcal: cuesta más, y cuesta más tiempo.
Por eso aquí verás la previsión por semana y nada más. No hay ninguna proyección a tres o seis meses, y no la hay a propósito: es justo el sitio donde esta regla deja de ser útil y empieza a prometer cosas que no puede cumplir.
El reloj te está sumando calorías de más
Es el error clásico y el que más déficits se lleva por delante. Los relojes deportivos, las pulseras y las máquinas del gimnasio tienden a sobrestimar las calorías quemadas, a veces bastante, y con más desviación en actividades que no son correr en línea recta. Estiman a partir de la frecuencia cardíaca, del movimiento de la muñeca y de tu peso, sin saber nada de tu eficiencia real.
Hay además un segundo problema, más silencioso: el factor de actividad que has elegido arriba ya incluye tu ejercicio habitual. Si entrenas cuatro días a la semana y has marcado «moderado», esos entrenamientos ya están contados. Sumarles encima las 600 kcal que dice el reloj y comérselas es contar lo mismo dos veces, con el añadido de que la cifra del reloj probablemente estaba inflada de origen. Un déficit teórico de 500 kcal desaparece con muchísima facilidad por esta vía.
El reparto de macronutrientes es una convención dentro de otra
Esta página propone repartir las calorías del objetivo en 25 % de proteína, 30 % de grasa y 45 % de hidratos de carbono. Conviene decir con toda claridad qué es eso: una elección entre muchas posibles. Los rangos aceptados para adultos son deliberadamente anchos —proteína del 10 al 35 %, grasa del 20 al 35 %, hidratos del 45 al 65 %— y dentro de ellos caben dietas muy distintas que funcionan igual de bien. No existe el reparto correcto; existe el que puedes sostener.
Lo que sí tiene algo más de suelo es la proteína medida por kilo de peso: entre 1,2 y 2,2 g/kg al día en personas activas, y hacia la parte alta si estás en déficit, porque ayuda a conservar masa magra mientras bajas. Por eso la calculadora enseña también los gramos por kilo que le salen a tu reparto: es una forma de comprobar que el porcentaje no te ha llevado a un sitio raro. Con 2.720 kcal y 80 kg, ese 25 % son 170 g de proteína, o sea 2,1 g/kg: el extremo alto de la horquilla. Perfectamente defendible, y también perfectamente sustituible por un 20 %.
Qué hacer con el número
Tratarlo como una hipótesis de partida. Come alrededor de esa cifra durante dos o tres semanas, pésate en condiciones parecidas —misma hora, mismo día de la semana— y mira la tendencia, no el dato suelto: el peso oscila un kilo o más por agua, sal y tránsito intestinal, y un solo día no dice nada. Si la báscula no hace lo que decía la previsión, lo que estaba mal era la estimación, que ya venía con un ±10 % anunciado. Ajusta el número, no te ajustes tú a él.
Y una advertencia sobre el número por abajo. Las cifras que se citan como suelo son 1.200 kcal al día en mujeres y 1.500 en hombres; por debajo de ahí cuesta mucho cubrir proteína, vitaminas y minerales, y las dietas de tan pocas calorías se hacen con seguimiento sanitario. Cuando el objetivo de esta calculadora cae por debajo de ese suelo, la página lo dice sola. La salida no es comer todavía menos: es un déficit más pequeño, más movimiento, o ayuda profesional.
Cuándo esta calculadora no es la herramienta
Hay situaciones en las que una cifra diaria no ayuda, y una de ellas conviene nombrarla sin rodeos. Si tienes o has tenido un trastorno de la conducta alimentaria, contar calorías suele formar parte del problema: un número redondo se convierte con demasiada facilidad en una norma rígida, y esta página no puede acompañarte en eso. La herramienta que sirve ahí es un equipo sanitario.
Tampoco se aplica en el embarazo y la lactancia, donde las necesidades cambian y las marca tu matrona o tu médico; en menores de 18 años, cuyo gasto se estima con otras ecuaciones; ni en enfermedades que alteran el metabolismo o la absorción —tiroides, insuficiencia renal, malabsorción— o en tratamientos que los afectan. En deportistas de alto volumen, los factores de actividad se quedan cortos y el cálculo se hace por otra vía. En todos esos casos, la cifra correcta es la que dé quien pueda verte, no la que salga de multiplicar kilos por constantes.
Preguntas frecuentes
¿Cuántas calorías necesito al día?
Depende de tu tamaño, tu edad, tu sexo y sobre todo de lo que te muevas, así que no hay una cifra única. Para un hombre de 35 años, 80 kg y 180 cm con actividad moderada salen 2.720 kcal al día; para una mujer de 30 años, 65 kg y 165 cm con actividad ligera, 1.884 kcal. Esas cifras son estimaciones con un margen de alrededor del ±10 %: en el primer caso, el gasto real está probablemente entre 2.448 y 2.992 kcal. El número sirve para empezar, no para obedecerlo.
¿Qué es el metabolismo basal y en qué se diferencia del gasto total?
El metabolismo basal (TMB) es lo que gasta tu cuerpo en reposo absoluto: respirar, bombear sangre, mantener la temperatura y reparar tejidos. Es la mayor parte del gasto de casi todo el mundo. El gasto total diario es esa cifra multiplicada por un factor de actividad que va de 1,2 a 1,9 según lo que te muevas, e incluye moverse, trabajar, entrenar y digerir. Comer solo la TMB no es «comer lo justo»: es comer bastante menos de lo que gastas.
¿Por qué usáis Mifflin-St Jeor y no Harris-Benedict?
Porque acierta más en población actual y es la que recomiendan las guías dietéticas. Harris-Benedict es de 1919, se revisó en 1984 y tiende a dar cifras algo más altas. Sobre los mismos datos, un hombre de 35 años, 80 kg y 180 cm sale con 1.755 kcal de metabolismo basal según Mifflin-St Jeor y 1.825 según Harris-Benedict revisada: 70 kcal de diferencia. En una mujer de 30 años, 65 kg y 165 cm, 1.370 frente a 1.430: 60 kcal. Dos fórmulas respetables discrepan en 70 kcal, y esa distancia es la mejor pista de cuánta precisión tiene realmente cualquiera de las dos.
¿Qué nivel de actividad tengo que elegir?
Casi todo el mundo se pasa de generoso, así que ante la duda conviene bajar un escalón. Los cinco niveles están separados por 0,175 exactos, lo que significa que cada escalón vale entre 240 y 310 kcal según tu metabolismo basal: es mucho más de lo que parece cuando eliges entre «ligero» y «moderado» con una frase vaga por medio. Un trabajo de oficina con tres entrenamientos a la semana es «ligero» o «moderado», no «intenso». «Muy intenso» es para quien entrena todos los días fuerte o trabaja de pie moviendo peso.
¿Cuánto peso se pierde con un déficit de 500 kcal al día?
Sobre el papel, 0,45 kg por semana: 500 kcal × 7 días son 3.500 kcal, y la regla clásica calcula un kilo de grasa en 7.700 kcal. En la práctica esa regla, publicada por Wishnofsky en 1958, sobrestima la pérdida cuanto más lejos se estira: al bajar de peso el cuerpo gasta menos, parte de lo que se pierde no es grasa y el gasto se adapta. Sirve razonablemente para una semana o dos; proyectar diez kilos a partir de ella es donde falla.
¿Puedo sumar al gasto las calorías que me marca el reloj?
Es el error más común, y hace mucho daño a un déficit. Los relojes deportivos y las máquinas del gimnasio tienden a sobrestimar el gasto del ejercicio, a veces con desviaciones muy grandes, sobre todo en actividades que no son correr. Además, el factor de actividad que ya has elegido arriba incluye tu ejercicio habitual: sumarle encima lo que marca el reloj es contarlo dos veces. Si entrenas casi a diario, eso ya está en «intenso» o «muy intenso».
¿Por debajo de cuántas calorías no hay que bajar?
Las cifras que se citan habitualmente son 1.200 kcal al día en mujeres y 1.500 en hombres. Por debajo de ahí es difícil cubrir las necesidades de proteína, vitaminas y minerales, y las dietas muy bajas en calorías se hacen con seguimiento médico, no por cuenta propia. Esta calculadora avisa cuando tu objetivo cae por debajo de ese suelo. Si te ocurre, la salida razonable no es comer aún menos: es elegir un déficit más pequeño, moverte algo más, o consultarlo con un profesional.
¿Cuál es el reparto correcto de proteína, grasa e hidratos?
No hay uno. Los rangos aceptados para adultos son amplios a propósito: entre el 10 % y el 35 % de las calorías en proteína, entre el 20 % y el 35 % en grasa y entre el 45 % y el 65 % en hidratos de carbono. Dentro de esa horquilla caben repartos muy distintos y todos son defendibles. Esta página propone un 25 / 30 / 45 porque es fácil de recordar y cae dentro de los tres rangos, no porque sea el correcto. Lo que sí tiene algo más de respaldo es la proteína medida por kilo de peso: entre 1,2 y 2,2 g/kg en personas activas.
¿Por qué la fórmula solo distingue entre hombre y mujer?
Porque así se validó en 1990: Mifflin-St Jeor tiene dos constantes, +5 para hombres y −161 para mujeres, y no hay una tercera. Toda la diferencia de sexo de la ecuación son esos 166 kcal, aplicados sobre el mismo peso, la misma altura y la misma edad. Si no te reconoces en ninguna de las dos opciones, puedes calcular las dos y quedarte con el punto medio: la distancia entre ambas es menor que el propio margen de error del método.
¿Sirve esta calculadora si tengo un trastorno de la conducta alimentaria?
No, y conviene decirlo claro: en un trastorno de la conducta alimentaria, contar calorías suele formar parte del problema y no de la solución. Una cifra diaria puede convertirse en una norma rígida que empeora las cosas. En ese caso la herramienta adecuada es un equipo sanitario, no una calculadora. Lo mismo vale en el embarazo y la lactancia, en menores de 18 años y en cualquier enfermedad que afecte al metabolismo o a la absorción.
¿Guardáis mis datos?
No. Todos los cálculos se hacen dentro de tu navegador. Ni tu sexo, ni tu edad, ni tu peso, ni tu altura salen de tu dispositivo: no hay servidor que los reciba ni base de datos donde guardarlos. Puedes comprobarlo poniendo el móvil en modo avión y viendo que la calculadora sigue funcionando.
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