Calculadora de interés compuesto
Cuánto pones tú y cuánto pone el interés.
La frecuencia vale para aportar y para capitalizar.
Revisa los datos introducidos.
Las dos cifras que casi ninguna calculadora enseña: lo que ese dinero compraría hoy, y lo que te queda cuando lo rescatas y pasa Hacienda.
La cifra grande, sin adornos:
- En dinero de hoy—
- Al rescatarlo, después de impuestos—
100 % privado — los cálculos se hacen en tu dispositivo. Ni el capital ni tus datos se envían a ningún servidor.
Proyección aritmética con un tipo de interés constante: no es una previsión de rentabilidad ni asesoramiento de inversión, y no incluye comisiones del producto en el que ahorres. El impuesto se calcula con la escala del ahorro del IRPF vigente en 2026, aplicada por tramos sobre la ganancia y suponiendo que se rescata todo de una vez y que no hay otros rendimientos del ahorro ese año. Territorio común: no vale para País Vasco ni Navarra.
Año a año: lo que pones tú y lo que ponen los intereses
Tu dinero entra en línea recta: cada año metes lo mismo. Los intereses no: cada año se calculan sobre un saldo mayor, así que la franja de arriba empieza siendo un hilo y acaba despegándose. El año en que adelanta a todo lo que has puesto tú es el que marca el gráfico.
| Año | Aportado acumulado | Intereses del año | Intereses acumulados | Saldo |
|---|---|---|---|---|
| Introduce los datos arriba para ver la tabla. | ||||
Cómo se usa
-
1. Pon tus números
Lo que tienes ahora, lo que puedes ir metiendo, el interés que esperas y los años que lo vas a dejar. La frecuencia vale a la vez para aportar y para capitalizar.
-
2. Mira las dos partes
La cifra grande impresiona menos que el reparto: cuánto has puesto tú y cuánto ha puesto el interés. Ese contraste es toda la historia del interés compuesto.
-
3. Baja a lo que queda
Descuenta la inflación y el impuesto del ahorro. Ahí es donde la cifra grande se convierte en dinero de verdad, y es lo que casi ninguna calculadora te enseña.
Entender el interés compuesto
El interés compuesto es lo que pasa cuando los intereses que ganas se quedan dentro y empiezan a ganar intereses ellos también. La diferencia con el interés simple parece pequeña el primer año y es casi irrelevante el segundo, pero es la que hace que a treinta años una cuenta se vuelva irreconocible. Toda la gracia está en que el saldo sobre el que se calculan los intereses no para de crecer.
La fórmula es corta: el capital inicial se multiplica por (1 + i)n, y las aportaciones periódicas suman A × [((1 + i)n − 1) / i], donde i es el interés de cada periodo y n el número total de periodos. Si aportas a principio de periodo en lugar de a final, ese segundo término va multiplicado por (1 + i): cada aportación gana un periodo entero más de interés. En diez años metiendo 100 € al mes al 6 %, ese detalle son unos 82 € de diferencia.
El tiempo pesa más que el tipo de interés
Es lo más contraintuitivo de todo, y se ve mejor con dos escenarios que con una explicación. Metiendo 200 € al mes al 6 % durante 30 años acabas con unos 200.900 €, de los que 72.000 € los has puesto tú. Metiendo 200 € al mes al 8 % durante 20 años —un tipo dos puntos mejor— acabas con unos 117.800 €. Los diez años de más ganan por más de 80.000 € a los dos puntos de más.
El motivo es que el tipo de interés multiplica y el tiempo es el exponente. Un capital de 10.000 € al 7 % anual se convierte en unos 19.700 € a diez años, 38.700 € a veinte, 76.100 € a treinta y 149.700 € a cuarenta. Cada década larga vale más que la anterior entera, y el último tramo es el que hace casi todo el trabajo. Por eso empezar antes con poco suele rendir más que empezar tarde con mucho, y por eso la variable que más controlas —cuándo empiezas— es también la más valiosa.
La regla del 72, y hasta dónde vale
Es el atajo mental clásico: divide 72 entre el tipo de interés y tienes los años que tarda un capital en duplicarse. Al 6 %, 72 entre 6 son 12 años; la cuenta exacta da 11,9. Al 8 %, la regla dice 9 años y la cuenta exacta dice 9,01. Es asombrosamente buena.
Pero es una aproximación, y conviene saber dónde se rompe. Funciona bien entre el 4 % y el 12 % aproximadamente; fuera de esa banda se desvía. Al 2 % anuncia 36 años cuando en realidad son 35, y al 20 % anuncia 3,6 años cuando son 3,8. Tampoco sirve si hay aportaciones periódicas: la regla habla de un capital que se deja quieto, no de un ahorro que va creciendo. Para eso está la tabla de arriba.
Nominal y efectivo no son lo mismo
Un 7 % capitalizado mensualmente no rinde un 7 %: rinde un 7,23 %. La razón es que cada mes se abona un 0,5833 % y ese dinero empieza a generar intereses inmediatamente, dentro del mismo año. El 7 % es el nominal, que sirve para calcular; el 7,23 % es el efectivo, o TAE, que es lo que de verdad rinde. Cuanto más a menudo se capitaliza, más se separan los dos números.
Parece un matiz de letra pequeña y no lo es. Sobre 10.000 € a treinta años, el 7 % capitalizado una vez al año da unos 76.100 €, y ese mismo 7 % capitalizado mensualmente da unos 81.200 €: cinco mil euros de diferencia por un detalle que no sale en el titular. Por eso esta calculadora enseña la TAE junto al resultado, y por eso comparar dos productos por su nominal sin mirar cada cuánto capitalizan no dice gran cosa.
La inflación se come buena parte de la cifra grande
El capital final está expresado en euros del futuro, y los euros del futuro compran menos. Con una inflación del 2,5 %, en diez años se pierde alrededor del 22 % del poder de compra: los 16.388 € del ejemplo de arriba comprarían hoy lo que 12.802 €. A veinte y a treinta años el efecto es mucho mayor, porque la inflación también compone.
Esto no significa que ahorrar no sirva —significa justo lo contrario: el dinero parado pierde ese 22 % sin recibir nada a cambio—. Lo que significa es que la comparación honesta no es «tengo 16.388 € frente a los 12.000 € que metí», sino «tengo el poder de compra de 12.802 € de hoy frente a los 12.000 € que metí». La cifra sigue siendo mejor, pero es una cifra distinta, y es la que hay que usar para decidir.
Y luego está Hacienda
Cuando rescatas el dinero, la ganancia —lo que sacas menos lo que pusiste— tributa en la base del ahorro del IRPF. Se paga por tramos: los primeros 6.000 € de ganancia a un tipo, el siguiente tramo a otro más alto, y así sucesivamente. El capital que pusiste tú no vuelve a tributar, porque ya tributó cuando lo ganaste.
La calculadora aplica esa escala sobre la ganancia y enseña lo que queda limpio. Es un cálculo del caso simple: supone que rescatas todo de una vez y que no tienes otros rendimientos del ahorro ese año, cosa que en la práctica cambia el resultado porque la escala se aplica a la suma de todos ellos. Tampoco entran aquí los productos con tratamiento propio ni los regímenes forales de País Vasco y Navarra, que tienen sus propias escalas.
Es una proyección, no una promesa
Conviene decirlo claro: esta calculadora supone un tipo de interés constante todos los años, y eso no existe. Un depósito a plazo fijo se acerca bastante mientras dura, pero cualquier cosa que dependa de un mercado hace un porcentaje distinto cada año —a veces negativo— y el orden en que vengan los años buenos y los malos cambia el resultado final, sobre todo si estás aportando o retirando por el camino.
Lo que sí hace bien una proyección con tipo constante es enseñar el mecanismo: cuánto pesa el tiempo, cuánto pesa el tipo, cuánto pesa empezar antes y cuánto se lleva la inflación. Úsala para comparar escenarios y para entender la forma de la curva, no para poner una cifra en el calendario. Y si el número que has puesto en el campo del interés te lo ha prometido alguien, desconfía de la promesa antes que de la calculadora.
Qué no entra en este cálculo
- Las comisiones del producto donde ahorres. Un 1 % anual de comisión no resta un 1 % al resultado: resta mucho más, porque también compone.
- Los años de rentabilidad distinta. Aquí todos los años son iguales; en la realidad no lo son.
- Las retenciones a cuenta que se practican al cobrar intereses o dividendos por el camino, que adelantan parte del impuesto en vez de dejarlo todo al final.
- Los productos con reglas propias (planes de pensiones, seguros de ahorro, exenciones por reinversión), que no tributan en la base del ahorro de esta forma.
Esta herramienta no recomienda ningún producto ni ningún tipo de interés: los números los pones tú. No es asesoramiento de inversión.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se calcula el interés compuesto?
El capital final es C₀ × (1+i)n más las aportaciones capitalizadas, A × [((1+i)n − 1) / i], donde i es el interés de cada periodo (el tipo anual dividido entre el número de periodos del año) y n el número total de periodos. Si la aportación se hace a principio de periodo, ese segundo término se multiplica además por (1+i), porque cada aportación gana un periodo más de interés.
¿Qué pasa si el interés es 0 %?
Que la fórmula normal no vale: divide entre el interés y se rompe. Con un 0 % el capital final es simplemente lo que has metido, es decir, el capital inicial más la aportación multiplicada por el número de periodos. Esta calculadora trata ese caso aparte, así que puedes poner 0 % sin que dé error.
¿Por qué un 7 % no rinde un 7 %?
Porque un 7 % nominal capitalizado mensualmente reparte 0,5833 % cada mes, y esos intereses vuelven a generar intereses dentro del mismo año. El resultado efectivo es un 7,23 % anual, que es la TAE. El nominal sirve para calcular; el efectivo es lo que de verdad rinde. Cuanto más a menudo se capitaliza, más se separan los dos.
¿Qué es la regla del 72?
Un atajo mental: dividiendo 72 entre el tipo de interés sale, aproximadamente, los años que tarda un capital en duplicarse. Al 6 %, 72 entre 6 son 12 años, y la cuenta exacta da 11,9. Funciona muy bien entre el 4 % y el 12 %; fuera de ahí se desvía. Al 2 % dice 36 años y son 35, y al 20 % dice 3,6 años cuando son 3,8.
¿Cuánto se paga a Hacienda por el ahorro?
Se paga solo por la ganancia, no por el dinero que pusiste tú, y se paga por tramos: los primeros 6.000 € de ganancia al 19 %, de 6.000 a 50.000 al 21 %, de 50.000 a 200.000 al 23 %, de 200.000 a 300.000 al 27 % y a partir de ahí al 30 %. Son los tipos de territorio común: País Vasco y Navarra tienen sus propias escalas.
¿Por qué el resultado en dinero de hoy es tanto menor?
Porque la cifra grande está en euros del futuro, y en el futuro cada euro compra menos. Con un 2,5 % de inflación, en diez años se pierde alrededor del 22 % del poder de compra. La calculadora divide el capital final entre (1 + inflación) elevado a los años para decirte qué compraría hoy ese dinero.
¿Esto es una previsión de lo que voy a ganar?
No. Es una proyección aritmética que supone un tipo constante todos los años, y ningún mercado hace el mismo porcentaje cada año: hay años buenos, años malos y años planos. Sirve para comparar escenarios y para ver el efecto del tiempo, no para saber cuánto tendrás. Tampoco descuenta las comisiones del producto en el que ahorres.
¿Guardáis mis datos?
No. Todos los cálculos se hacen dentro de tu navegador. Ni el capital, ni la aportación, ni el interés salen de tu dispositivo: no hay servidor que los reciba ni base de datos donde guardarlos. Puedes comprobarlo activando el modo avión y viendo que la calculadora sigue funcionando.
Calculadoras parecidas
- Calculadora de hipotecaCuota mensual, intereses totales y tabla de amortización.
- Calculadora de préstamo personalCuota y coste real de un préstamo al consumo.
- Calculadora de porcentajesPorcentajes, subidas, descuentos y quitar el IVA de un precio.
- Amortizar hipoteca anticipadamenteLos dos ahorros al lado, y el techo real de la comisión: el 0,15 % es un límite sobre la pérdida del banco, y puede ser cero.
- Descuentos, 3x2 y segunda unidadLo que pagas de verdad: los descuentos no se suman y el 3x2 solo vale un 33 % si te llevas justo tres.
- El coste real de fumarCuánto dinero y cuántos años de vida se van en tabaco.
Todas las de Dinero, o las 63 de Calculoteca.