Conversor de temperatura
Celsius, Fahrenheit y kelvin, en los dos sentidos y a la vez.
Revisa la temperatura que has escrito.
25 °C en las otras escalas
- Fahrenheit
- 77 °F
- kelvin
- 298,15 K
100 % privado — los cálculos se hacen en tu dispositivo. Lo que escribas no se envía a ningún servidor.
Aritmética pura: las tres escalas están fijadas por definición y aquí no hay ningún dato que caduque. Los resultados se redondean a dos decimales al mostrarlos, nunca antes de calcular. El cero absoluto (−273,15 °C) es un límite físico: por debajo, la herramienta avisa en vez de inventarse un número.
Tabla de equivalencias
Las temperaturas que se buscan de verdad: las del cuerpo, las de la calle y las del horno.
| Celsius (°C) | Fahrenheit (°F) | kelvin (K) |
|---|---|---|
| −40 °CEl único punto donde las dos escalas dicen lo mismo. | −40 °F | 233,15 K |
| 0 °CEl agua se congela. | 32 °F | 273,15 K |
| 10 °CFresco de abrigo. | 50 °F | 283,15 K |
| 20 °CUna casa a gusto. | 68 °F | 293,15 K |
| 25 °CUn buen día de primavera. | 77 °F | 298,15 K |
| 30 °CCalor de verano. | 86 °F | 303,15 K |
| 37 °CLa temperatura del cuerpo: el famoso 98,6 °F. | 98,6 °F | 310,15 K |
| 40 °CFiebre alta, y una tarde de agosto en el sur. | 104 °F | 313,15 K |
| 100 °CEl agua hierve, a nivel del mar. | 212 °F | 373,15 K |
| 180 °CHorno medio: el escalón al que se traduce el 350 °F de las recetas americanas (176,67 °C exactos). | 356 °F | 453,15 K |
| 200 °CHorno fuerte: el escalón del 400 °F (204,44 °C exactos). | 392 °F | 473,15 K |
| 220 °CHorno muy fuerte, de pizza y de pan: el escalón del 425 °F (218,33 °C exactos). | 428 °F | 493,15 K |
Los kelvin se escriben sin el símbolo de grado: 273,15 K, nunca 273,15 °K. Las tres filas del horno son escalones del mando, no equivalencias exactas: 350 °F son 176,67 °C y todo el mundo pone 180, porque ningún horno doméstico distingue esos tres grados.
Cómo se usa
-
1. Escribe la temperatura
Con coma o con punto, da igual: 37,5 y 37.5 valen los dos. Para los grados bajo cero, el guion del teclado delante del número. El resultado cambia según tecleas, sin botones.
-
2. Elige de dónde a dónde
Los dos desplegables marcan el sentido. Si te has equivocado y lo tenías del revés, el botón de las flechas lo invierte sin borrar lo que hayas escrito: tu número se convierte hacia el otro lado.
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3. Mira las tres a la vez
Debajo del resultado están las otras dos escalas ya convertidas. Escribe 25 °C y ahí tienes los 77 °F y los 298,15 K juntos, sin tener que volver a tocar los desplegables.
Dos escalas para lo mismo, y una tercera que no es un capricho
Que existan dos maneras de decir el mismo calor no es un empeño de nadie por complicar la vida: es que las dos se inventaron antes de que hubiera manera de ponerse de acuerdo. Un termómetro necesita dos puntos fijos y un número de rayas entre ellos, y cada cual eligió los suyos.
Daniel Gabriel Fahrenheit, fabricante de instrumentos, propuso la suya en 1724. Su cero no es la congelación del agua, sino la temperatura más baja que sabía fabricar en su taller: una mezcla de hielo, agua y sal de amoníaco. Arriba puso, más o menos, la temperatura del cuerpo humano. Con esos dos extremos, el agua se congelaba en el 32 y hervía en el 212. Parecen números caprichosos, y lo son, pero tienen una ventaja que sus usuarios defienden: entre 0 °F y 100 °F cabe casi todo el tiempo que hace en la calle, así que el clima se cuenta con números redondos y sin negativos.
Anders Celsius, astrónomo sueco, publicó la suya en 1742 con la idea contraria: dos puntos que cualquiera pudiera reproducir en su casa —la congelación y la ebullición del agua— y cien rayas entre ellos. Curiosamente, la puso del revés: en la escala original, 0 era el agua hirviendo y 100 el hielo. Se invirtió poco después de su muerte, en 1744, y así ha quedado.
Durante dos siglos se llamó grado centígrado, por esas cien divisiones. En 1948 pasó a llamarse oficialmente grado Celsius, porque en varios países el «grado centesimal» era ya una unidad de ángulo y la coincidencia daba problemas. Las dos palabras significan exactamente lo mismo y las dos se siguen oyendo. Hoy, la escala Celsius es la de casi todo el planeta; Fahrenheit sobrevive en el uso diario de Estados Unidos y de un puñado de países más, y en las recetas, las películas y los partes meteorológicos que nos llegan de allí.
El kelvin: la escala que no tiene números negativos
La tercera es de otra familia. En 1848, William Thomson —Lord Kelvin— se dio cuenta de que si se enfría un gas, su presión baja de forma tan regular que la recta, prolongada, corta el cero en un punto muy concreto: unos 273 grados por debajo de la congelación del agua. Ese punto no es una temperatura más baja: es el punto donde ya no queda energía térmica que quitar. El cero absoluto.
La escala kelvin coloca su cero ahí y conserva el tamaño del escalón Celsius. De modo que la conversión es la más fácil de las tres: sumar o restar 273,15. Y de modo, también, que un kelvin y un grado Celsius miden el mismo salto: si algo sube 10 °C, ha subido 10 K exactos.
La ciencia la usa porque hay cuentas que solo salen bien si el cero significa cero. En la ley de los gases, duplicar la temperatura absoluta duplica la presión; duplicar la temperatura Celsius no duplica nada, porque el cero de Celsius es un punto cualquiera —la congelación del agua— elegido por comodidad. Pasar de 10 °C a 20 °C no es «el doble de calor»: es pasar de 283,15 K a 293,15 K, un 3,5 % más.
Y aquí está el detalle que casi todo internet escribe mal: el kelvin no lleva el símbolo de grado ni la palabra «grados». Se escribe 298,15 K y se lee «doscientos noventa y ocho kelvin». No es una manía tipográfica: el kelvin es una unidad básica del Sistema Internacional, como el metro o el segundo, no un grado de nada. Hasta 1967 sí se llamó «grado Kelvin» y se escribía °K; ese año la Conferencia General de Pesas y Medidas le quitó el grado, y desde entonces el circulito está mal puesto. Desde 2019, además, el kelvin ya ni siquiera se define con agua: se define fijando el valor de la constante de Boltzmann.
−40, el punto donde las dos escalas se cruzan
Hay una única temperatura que se dice igual en Celsius y en Fahrenheit, y conviene saberla de memoria: −40 °C = −40 °F. Cuarenta bajo cero es cuarenta bajo cero en los dos idiomas.
Sale de igualar las dos escalas y despejar:
x = x × 9/5 + 32
x − 9x/5 = 32
−4x/5 = 32
x = −40
Más allá de la curiosidad, es la mejor comprobación que existe para saber si has planteado bien una conversión: mete −40 en tu fórmula. Si no te devuelve −40, la fórmula está mal escrita. Es el equivalente, en temperaturas, a comprobar que una regla de tres da lo que esperabas.
El horno americano: por qué 350 °F son 180 °C
Media búsqueda sobre temperaturas viene de una receta. Los hornos americanos van de 25 en 25 grados Fahrenheit y los europeos de 10 en 10 grados Celsius, así que la traducción nunca es exacta: se va al escalón más cercano del mando. Estas son las equivalencias que usan las recetas traducidas:
- 300 °F → 150 °C (148,89 exactos) — horno suave, para merengues y cocciones largas.
- 325 °F → 160 °C (162,78) — bizcochos altos y tartas de queso.
- 350 °F → 180 °C (176,67) — el más frecuente con diferencia. Si una receta americana no dice temperatura, es este. Equivale al gas mark 4 de las recetas británicas.
- 375 °F → 190 °C (190,56) — galletas y hojaldres.
- 400 °F → 200 °C (204,44) — asados y verduras.
- 425 °F → 220 °C (218,33) — pizza, pan y todo lo que necesita golpe de calor.
- 450 °F → 230 °C (232,22) — gratinados y el arranque de una hogaza.
Redondear ahí no es hacer trampa. La diferencia entre 176,67 °C y 180 °C es de tres grados largos, y un horno doméstico oscila bastante más que eso entre que la resistencia se enciende y se apaga: la temperatura real sube y baja alrededor de la que marca el mando. Lo que sí conviene recordar es que si tu horno es de aire (convección, ventilador), la recomendación habitual es bajar unos 20 °C respecto a lo que diga la receta, porque el aire en movimiento cuece bastante más rápido.
Los tres errores que se ven a todas horas
1. Escribir «°K». Ya está contado arriba: el kelvin no es un grado. 298,15 K, y punto.
2. Convertir una diferencia como si fuera una temperatura. Este es el silencioso, el que no canta a la vista. La fórmula con el + 32 sirve para convertir una temperatura, porque el 32 es el desfase entre los dos ceros. Pero si lo que tienes es una diferencia —«ha subido 10 grados», «con un margen de 2 grados»—, ese desfase se cancela y no hay que sumarlo: un aumento de 10 °C es un aumento de 18 °F, no de 50 °F. Y de 10 K exactos, porque el escalón es el mismo.
3. Arrastrar los decimales de la coma flotante. Si conviertes 37 °C con una calculadora corriente puede salirte 98,60000000000001. No es que el resultado sea ese: es que 0,6 no se puede escribir exacto en el sistema binario que usan los ordenadores, igual que 1/3 no se puede escribir exacto en decimal. Esta herramienta calcula con toda la precisión disponible y redondea al mostrar, a dos decimales, que es lo que hay que hacer siempre: redondear al final, nunca en mitad de la cuenta.
Qué hace esta herramienta y qué no
Convierte entre las tres escalas que usa alguien hoy: Celsius, Fahrenheit y kelvin. No incluye el Rankine (la absoluta con el escalón Fahrenheit, que sobrevive en ingeniería en Estados Unidos) ni el Réaumur (que se ve en algún recetario antiguo francés), porque fuera de esos dos rincones no los busca nadie.
Tampoco calcula sensación térmica: ni la del viento ni la de la humedad. Eso no es una conversión de unidades, es un modelo del cuerpo humano, y mezclarlo aquí sería vender como exacto algo que es una estimación. Si en un parte americano lees «feels like 95 °F», conviértelo como cualquier otra temperatura y ya está: la sensación térmica ya la calculó quien escribió el parte.
Y no convierte diferencias de temperatura, por lo que se explica arriba: si lo tuyo es un «ha subido tanto», multiplica por 9/5 y no sumes nada.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se pasa de grados Celsius a Fahrenheit?
Se multiplica por 9/5 (que es lo mismo que multiplicar por 1,8) y se suman 32: °F = °C × 9/5 + 32. Con 25 °C sale 25 × 1,8 = 45, y 45 + 32 = 77 °F. Para hacerlo de cabeza sin precisión de laboratorio, dobla la cifra y súmale 30: 25 doblado es 50 y más 30 son 80, tres grados por encima de los 77 reales. Vale para saber si hay que sacar el abrigo, no para una receta.
¿Cómo se pasa de Fahrenheit a Celsius?
Se restan 32 primero y se multiplica después por 5/9: °C = (°F − 32) × 5/9. Con 350 °F sale (350 − 32) = 318, y 318 × 5/9 = 176,67 °C. El error más común es restar después de multiplicar: el 32 hay que quitarlo antes, porque es el desfase entre los dos ceros. De cabeza: réstale 30 y parte por la mitad.
¿Cuánto es 350 °F en grados centígrados?
176,67 °C exactos, y por eso todas las recetas traducidas dicen 180 °C: es el escalón más cercano del mando del horno. La diferencia son tres grados y pico, menos de lo que oscila cualquier horno doméstico entre que se enciende la resistencia y se apaga. Los demás escalones habituales: 325 °F son 160 °C, 375 °F son 190 °C, 400 °F son 200 °C y 425 °F son 220 °C.
¿Cuánto es 98,6 °F en grados Celsius?
37 °C clavados. De hecho, el 98,6 °F que sale en todas las películas no es una medida americana más fina que la nuestra: es 37 °C convertido, con un decimal que nació de la conversión y no del termómetro. La cifra viene de un estudio alemán de 1868; las revisiones modernas sitúan la temperatura corporal media algo por debajo, sobre 36,6 °C.
¿Por qué el kelvin no lleva el símbolo de grado?
Porque no es un grado: es una unidad básica del Sistema Internacional, como el metro o el kilogramo. Se escribe 298,15 K, nunca 298,15 °K, y se lee «kelvin», no «grados kelvin». Hasta 1967 sí se llamaba «grado Kelvin» y se escribía °K; ese año la Conferencia General de Pesas y Medidas le quitó el grado, y desde entonces la forma con el circulito está mal. Es el fallo más repetido de internet.
¿Puede existir una temperatura por debajo del cero absoluto?
No. El cero absoluto —−273,15 °C, −459,67 °F, 0 K— no es el número más bajo de una escala, sino el punto en el que ya no queda energía térmica que quitar. No es una frontera de la calculadora: es una frontera de la física, y por eso esta herramienta avisa en vez de darte un número. En un laboratorio se puede llegar a milmillonésimas de kelvin, pero nunca a cero.
¿En qué punto coinciden Celsius y Fahrenheit?
En −40. Cuarenta bajo cero es la misma temperatura en las dos escalas: −40 °C = −40 °F. Se saca resolviendo x = x × 9/5 + 32, que da x = −40. Es el mejor truco de memoria que hay para comprobar de un vistazo si una conversión está bien planteada: si tu fórmula no devuelve −40 al meterle −40, la fórmula está mal.
¿Es lo mismo grados centígrados que grados Celsius?
Sí, es la misma escala con dos nombres. «Centígrado» es el nombre antiguo, por los cien grados que hay entre la congelación y la ebullición del agua. En 1948 se cambió oficialmente a «grado Celsius» porque en algunos países el «grado centesimal» era ya una unidad de ángulo y se prestaba a confusión. En la calle se siguen usando los dos y nadie se equivoca por eso.
¿Una diferencia de 10 °C son 50 °F?
No, y es el error más silencioso de todos. La fórmula con el + 32 sirve para convertir una temperatura, no una diferencia entre dos. Un aumento de 10 °C es un aumento de 18 °F (10 × 9/5) y de 10 K exactos, porque el grado Celsius y el kelvin miden el mismo escalón. Si lo que estás convirtiendo es un «ha subido tanto» o un «con un margen de tanto», el 32 no se toca.
¿Guardáis mis datos?
No. Todos los cálculos se hacen dentro de tu navegador. Las temperaturas que escribas no salen de tu dispositivo: no hay servidor que las reciba ni base de datos donde guardarlas. Puedes comprobarlo activando el modo avión y viendo que el conversor sigue funcionando.
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